POR: GASTÓN FERNÁNDEZ, minero y abogado.- La reciente implementación del Royalty Minero ha abierto un debate sobre la distribución de sus recursos y el impacto real que estos pueden tener en las comunas mineras. El Fondo Territorial, concebido para fortalecer el desarrollo local, corre el riesgo de transformarse en un instrumento meramente compensatorio si no se vincula de manera directa con la actividad que le da origen: la minería.
En este contexto, surge una propuesta que merece atención: destinar un porcentaje de dicho fondo al Fomento de la Pequeña Minería Nacional, canalizado a través de la Empresa Nacional de Minería (Enami). Esta medida permitiría que los beneficios del Royalty no solo lleguen a las arcas municipales, sino que se traduzcan en apoyo concreto a los productores que sostienen la minería tradicional en Chile.
La pequeña minería enfrenta desafíos estructurales: falta de financiamiento, escaso acceso a tecnología, dificultades de seguridad laboral y exigencias ambientales crecientes. Enami ha sido históricamente el puente que conecta a estos productores con el mercado, brindando asistencia técnica y comercial. Sin embargo, sus capacidades se han visto limitadas por la falta de recursos frescos. Incorporar un porcentaje del Fondo Territorial a su gestión significaría revitalizar este rol estratégico.
El impacto sería doble: por un lado, las comunas recibirían recursos para proyectos locales; por otro, se fortalecería la base productiva que genera empleo y arraigo territorial. Se trata de una fórmula de equilibrio y justicia, donde el Royalty no solo compensa, sino que también impulsa el desarrollo de quienes trabajan directamente en la minería.
La minería chilena será verdaderamente nacional en la medida en que sus beneficios se compartan con las comunidades y con los pequeños productores que la sostienen.
Destinar parte del Fondo Territorial al fomento minero a través de Enami es, en definitiva, una inversión en identidad, productividad y futuro.


