EL INCIERTO DESTINO DE SOBREVIVENCIA DE CHINCHILLAS EN EL SECTOR DE MARICUNGA

Para nadie es un misterio que el llamado Cinturón de Oro de Maricunga, es como una caja de Pandora no sólo por sus grandes riquezas aún ocultas en su rocoso suelo; sino también por su gran belleza de la que fueron testigos a su paso los incas en su contacto con estas tierras andinas; sino también por las huestes españolas lideradas por el Descubridor Diego de Almagro y, por el Conquistador Pedro de Valdivia.

Son cientos los hombres y mujeres anónimas que han pasado por esas serranías cordilleranas y decenas de nombres de yacimientos de oro y plata que han quedado registrados en el pasado como en la historia presente: Refugio, Pantanillo, Lobo Marte, La Coipa, Can Can, Chimberos y tantos otros distritos que hoy duermen por el agotamiento de sus minerales; mientras otros esperan reactivarse más temprano que tarde.

El distrito Maricunga no sólo es es considerado minero, sino también de grandes atractivos turísticos gracias a sus salares, volcanes y, particularmente fuente de investigación para la flora y fauna alto andina.

Hoy, esta caja de Pandora no nos sorprende con el hallazgo de un nuevo centro minero, sino que se abrió para mostrar otra de sus bondades a más de cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar: la chinchilla, la que sorprendentemente aún sobrevive en estado natural cuando todos los estudiosos e investigadores, tras décadas de búsqueda, habían certificado su extinción.

Este bello roedor reapareció en gloria y majestad en las alturas de este gran cordón de oro y, ahora también escenario para la futura producción del litio.

Estos bellos y finos roedores, hoy sólo criados a nivel mundial en cautiverios y cazados en el pasado por su cotizada piel para la confección de abrigos, asomaron  en una de las montañas con más de 3,5 millones de onzas de oro  y, donde la empresa sudafricana Gold Fields, espera extraer cada uno de sus gramos, sin no antes removerlos de su cuna de nacimiento, alimentación y reproducción.

Hoy en medio de la soledad y silencio altoandino han sido nuevamente sometidas a la captura, pero no para ser sacrificados por su piel, sino para ser trasladados a más de 5 kilómetros del lugar donde se construye actualmente el proyecto Salares Blancos y donde Gold Fields, dueña del proyecto, tendrá sus operaciones mineras de explotación.

La operación chinchilla ya está en marcha desde Octubre pasado y Gold Fields  invertirá una buena cantidad de dólares en este proyecto para poner a resguardo esta particular especie.

Aunque este medio de comunicación solicitó a Gold Field, el 6 de Noviembre saber más de cómo sería el proceso de captura, traslado y ambientación de las chinchillas, la minera optó por el silencio, pero a los días siguientes ocurriría la muerte de dos ejemplares y la fractura de otro de estos animalitos en las llamadas trampas Tomahawk, las que fueron instaladas a lo largo de la cordillera. Hasta ahora el proyecto de captura ha sido un fracaso. Algo falló.

De allí que la Superintendencia de Medioambiente debió intervenir y emitir medidas urgentes y transitorias. Suspendió de inmediato esta operación de captura sin no tener antes la garantía y seguridad de que efectivamente sobrevivirán al ser atrapadas en las trampas, sino también en su nuevo hábitat.

Las labores de construcción de Salares Norte sigue el cronograma trazado, pero deberá llegar más temprano que tarde a intervenir el lugar donde están las colonias y que por más de dos siglos escaparon de la caza con fines comerciales y que hoy es completamente ilegal.

Las chinchillas habitan en estado natural en nueve sectores, cuyos hábitat serán impactado por las obras del mencionado proyecto.

Hasta el cierre de la presente edición, el destino y sobrevivencia de las chinchillas aún en estado salvaje es un misterio, por ahora, están condenadas a su captura y traslado, pero no a la vida.

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