Por: Patricio Cartagena D. Presidente de Cammin N, Abogado, Ex Vicepresidente Ejecutivo de Cochilco.- Precios favorables, ingresos fiscales adicionales, demanda estructural y proyectos disponibles configuran una oportunidad inmediata. La diferencia estará en la capacidad de ejecutar, coordinar y actuar a tiempo.
Chile enfrenta nuevamente una coyuntura que combina precios favorables del cobre, una demanda estructural por minerales críticos y una cartera de proyectos de inversión de magnitud histórica.
Lo que está en juego no es solo crecimiento sectorial. Es la capacidad del país de convertir un ciclo favorable en desarrollo efectivo, sostenible y socialmente legítimo, con resultados visibles en el corto y mediano plazo. La minería vuelve a situarse en el centro de una definición estratégica país, y esa definición no admite ambigüedades ni postergaciones.
PRECIO DEL COBRE 2026: UNA BASE FISCAL QUE NO ADMITE RETRASOS
Las proyecciones técnicas y de mercado convergen en un punto central: el precio del cobre se mantendrá en niveles históricamente altos durante los próximos años. Para 2026, estimaciones ampliamente utilizadas sitúan el precio promedio en torno a los US$ 4,9–5,0 por libra, muy por sobre el promedio de largo plazo que ha guiado tradicionalmente la política fiscal chilena.
Este escenario configura una base fiscal relevante. Cada variación marginal en el precio del cobre tiene efectos directos sobre la recaudación, tanto por la vía del impuesto a la renta minera, las utilidades de empresas estatales y, desde 2024, el nuevo régimen de royalty. En 2025, los aportes tributarios del sector minero superaron los US$ 5.500 millones, reflejando tanto precios elevados como la entrada en régimen del nuevo marco tributario. El punto crítico es evidente: Sin producción efectiva y sin proyectos que entren oportunamente en operación, el potencial fiscal se diluye.


