Chile conserva una posición minera de primer orden, según el estudio “Mercado de Concentrados e Industria de Fundiciones. Reporte 2026” dado a conocer por la Comisión Chilena del Cobre, señalando que en el 2025 aportó cerca del 23% de la producción mundial de concentrados de cobre con leyes competitivas.
Dice que cuenta con ventajas logísticas y dispone de aproximadamente 5,44 millones de toneladas anuales de capacidad de tratamiento, la mayor de América Latina y la tercera entre los países analizados.
Estas fortalezas conviven con una matriz productiva cada vez más orientada a los concentrados.
En 2025, este producto representó casi el 64% de la producción nacional y cerca de dos tercios de las exportaciones chilenas de concentrados se dirigieron a China. Esta relación permite acceder al principal polo mundial de fundición, pero plantea el desafío de evaluar una mayor diversificación de mercados y las condiciones que permitan fortalecer competitivamente el procesamiento nacional.
El reporte identifica como principal brecha la capacidad de transformar los activos instalados en producción competitiva. Las fundiciones chilenas utilizan cerca del 60% de su capacidad, por debajo de los referentes internacionales, y presentan diferencias de escala, continuidad operacional, costos y tecnología. No obstante, mantienen márgenes positivos y sus brechas de recuperación de cobre y captura de azufre son más acotadas, lo que abre espacio para mejoras concretas.
Por ello, la oportunidad inmediata está en elevar la continuidad operacional, aumentar la utilización de las instalaciones, controlar costos y maximizar los ingresos por subproductos. En materia tecnológica, el informe plantea evaluar una modernización selectiva hacia procesos continuos, de mayor escala y automatización, junto con reforzar el desempeño ambiental y la captura de azufre.
El estudio concluye que una eventual nueva capacidad de fundición en Chile, debe sustentarse en fundamentos técnicos, económicos, ambientales y operacionales sólidos. Antes de comprometer expansiones, resulta prioritario aprovechar mejor la capacidad existente y evaluar cada proyecto bajo escenarios de tratamiento y refinación bajos y volátiles, con abastecimiento de largo plazo, tecnologías eficientes, alta utilización y rentabilidad privada y social positiva.
De este modo, Chile tiene la oportunidad de fortalecer su posición en la cadena global del cobre y avanzar hacia un procesamiento más competitivo, trazable y responsable, a partir de una estrategia que combine eficiencia operacional, modernización tecnológica, seguridad de suministro y creación de valor en el país.


