POR: ALFREDO KAMEID, Gerente General de Grupo Kameid.- La catástrofe en Tocopilla evidencia el valor de contar con cadenas de abastecimiento preparadas para enfrentar escenarios complejos. Una realidad que no solo impacta a las familias y a los comercios de la zona, sino también a una actividad fundamental para el desarrollo económico del norte de Chile: la minería.
Tocopilla es una ciudad cuya dinámica económica está estrechamente vinculada a la actividad minera y a los servicios que se desarrollan en torno a ella. Por eso, cuando una emergencia interrumpe caminos, conectividad y rutas de abastecimiento, sus efectos pueden extenderse mucho más allá de los sectores directamente afectados, comprometiendo tanto el suministro de productos esenciales para las comunidades como la continuidad de operaciones que dependen de una cadena logística eficiente.
En este escenario, los almacenes de barrio no pueden entenderse únicamente como puntos de venta o como parte del movimiento de productos. Cumplen un rol esencial para que los artículos de primera necesidad lleguen día a día a sus vecinos, especialmente en situaciones complejas. Los comercios de cercanía conocen la realidad de sus clientes y sus necesidades, y representan para muchas familias el punto más próximo para conseguir alimentos y productos básicos, además de ser espacios de confianza y colaboración.
Al mismo tiempo, la minería requiere cadenas de suministro capaces de responder frente a contingencias, considerando el traslado de insumos, equipos y productos necesarios para mantener sus operaciones. Esto demuestra que la logística de una ciudad como Tocopilla debe abordarse desde una mirada integral, donde la continuidad del abastecimiento de las familias, el funcionamiento del comercio local y las necesidades de las actividades productivas forman parte de un mismo ecosistema.
La experiencia demuestra que una interrupción en la conectividad puede generar efectos en cadena. Por ello, contar con planificación, coordinación y capacidad de reacción resulta fundamental para anticipar escenarios de emergencia y priorizar los territorios y sectores que más lo necesitan.
Esta emergencia nos deja una reflexión que debe trascender: Fortalecer la coordinación entre distribuidores, proveedores, empresas, actividad minera y comercio es una tarea que se debe realizar hoy para poder enfrentar futuras situaciones críticas con una mayor capacidad de respuesta.



