La expansión de la minería en la cordillera de los Andes está comenzando a tensionar la viabilidad de una cartera de proyectos que supera los US$70.000 millones en Chile, en un escenario donde el desarrollo de minerales críticos convive con crecientes exigencias para la protección de glaciares y ecosistemas de alta montaña.
Chile concentra cerca de 26.180 glaciares, que cubren más de 21.000 km², lo que representa alrededor del 80% de la superficie glaciar de Sudamérica fuera de la Antártica, según la Dirección General de Aguas. Estos ecosistemas participan con un rol clave en el equilibrio hídrico de las cuencas continentales.
El desafío adquiere una dimensión económica relevante si se considera que la minería representa cerca del 14% del Pib, más del 50% de las exportaciones del país y posiciona a Chile como el principal productor mundial de cobre, con alrededor de 25% de la oferta global, además del creciente rol del litio y otros minerales críticos para la transición energética.
En este contexto, el desarrollo de proyectos en zonas de alta montaña exige estándares técnicos cada vez más exigentes para asegurar su viabilidad y una operación sustentable a largo plazo. Pablo Balart, Director de Earth Science para América Latina de Slr, firma internacional líder en consultoría en sostenibilidad y medio ambiente, advierte que “los glaciares son infraestructura natural crítica para la resiliencia hídrica y ambiental de las cuencas andinas. Por ello, los proyectos mineros que se desarrollen en la cordillera deben incorporar, desde su diseño, criterios que aseguren una operación técnicamente sólida, ambientalmente sustentable y viable en el largo plazo. Un buen diseño permite minimizar impactos y compatibilizar la actividad minera con la protección y permanencia de estos sistemas.”
UN DESAFÍO TÉCNICO CON IMPACTO EN LA INVERSIÓN
El avance de la transición energética -que demanda mayores volúmenes de cobre, litio y otros minerales- está incrementando la presión sobre zonas cordilleranas donde se ubican esta infraestructura natural crítica. Se estima que la demanda global de cobre podría crecer más de 40% hacia 2040, impulsada por la electrificación y el desarrollo de energías limpias.
Esto instala una tensión estructural: avanzar en la descarbonización global exige aumentar de forma significativa la producción minera, pero al mismo tiempo impone estándares ambientales cada vez más exigentes en territorios especialmente sensibles.
Balart plantea que este escenario no debe entenderse como un dilema ideológico, sino como un desafío técnico que impacta directamente la viabilidad de los proyectos. “La discusión no debería centrarse en sí se puede o no hacer minería en estas zonas, sino en cómo se diseñan los proyectos para minimizar impactos. Incorporar monitoreo constante, modelación hidrológica e hidrogeológica y planificación desde etapas tempranas es clave para evitar riesgos posteriores”, explica.
RIESGOS DE DISEÑO Y EJECUCIÓN
Según la experiencia internacional, una parte relevante de los impactos ambientales asociados a proyectos mineros se explica por deficiencias en su diseño inicial más que por la operación en sí, lo que puede traducirse en retrasos, sobrecostos o incluso la paralización de iniciativas.
En el caso de los glaciares, si se generan diseños ineficientes o de mínimos de los proyectos, se podrían activar los principales riesgos ambientales sobre esta infraestructura natural crítica; tales como deposición de material particulado que acelera el derretimiento, alteraciones en los flujos de agua (balance de la cuenca) y cambios en la dinámica térmica de estos sistemas.
Frente a este escenario, el diseño, la construcción y la operación sostenible exige un enfoque escalonado que combine distintas herramientas en el tiempo: en el corto plazo, desde el monitoreo satelital y validación en terreno; en el mediano plazo, la instalación de estaciones meteorológicas, la medición de material particulado y la realización de levantamientos topográficos; y en el largo plazo, la modelación hidrológica junto con el seguimiento del permafrost, permitiendo una comprensión integral de la evolución de estos ecosistemas.
REGULACIÓN Y ENTORNO REGIONAL
El escenario regulatorio también está en evolución. En Argentina, el Congreso debate modificaciones a la Ley de Glaciares que podrían restringir su alcance, trasladando a las provincias la definición de qué cuerpos de hielo deben ser protegidos. Este tipo de cambios genera atención a nivel regional, considerando que Chile y Argentina comparten cuencas hidrográficas clave.
LICENCIA SOCIAL Y ACCESO A FINANCIAMIENTO
Más allá del ámbito ambiental, el manejo de estos ecosistemas tiene implicancias directas en la viabilidad económica de los proyectos, particularmente en un contexto donde inversionistas y reguladores están elevando sus estándares.
“Un enfoque riguroso de monitoreo y gestión no solo protege los glaciares, sino que también reduce riesgos para las empresas. Fortalece la confianza de comunidades, reguladores e inversionistas, y permite desarrollar proyectos más resilientes en el tiempo”, concluye Balart.


