El intenso sistema frontal que afectó a gran parte del país ha obligado a activar medidas preventivas, suspender clases y desplegar recursos de emergencia en distintas regiones, mientras cientos de personas permanecieron aisladas y, aún continúan las labores para restablecer la conectividad en las zonas más afectadas.
Aunque la atención suele concentrarse en las consecuencias visibles de las lluvias, como cortes de caminos, interrupciones eléctricas o inundaciones, en sectores como la minería la contingencia abre un escenario mucho más complejo: una cadena de riesgos operacionales que puede extenderse incluso cuando el frente ya ha pasado.
“Existe la idea de que el riesgo termina cuando deja de llover, pero en minería ocurre exactamente lo contrario. Muchas veces es ahí cuando comienzan los mayores peligros, porque aparecen caminos socavados, taludes inestables, terrenos saturados, fallas eléctricas o sectores completamente aislados. Reiniciar una operación sin verificar esas condiciones puede ser mucho más riesgoso que detenerla durante el evento”, explica Cristián Signé, Ceo de Thinking, consultora especializada en gestión operacional.
Según Signé un sistema frontal puede modificar en pocas horas las condiciones normales de una faena. La pérdida de estabilidad de caminos y botaderos, el aumento del riesgo geotécnico, la disminución de la visibilidad, la pérdida de adherencia de equipos móviles, las interrupciones en las comunicaciones y la afectación de instalaciones críticas son algunos de los escenarios que obligan a replantear la operación prácticamente en tiempo real.
Sin embargo, el problema no suele estar únicamente en la intensidad del fenómeno climático. “Uno de los errores más frecuentes es reaccionar cuando la condición ya se volvió crítica. También vemos organizaciones que intentan mantener la producción a toda costa o que toman decisiones con información parcial. En una emergencia, llegar unos minutos tarde con la información puede significar horas de interrupción o poner en riesgo a las personas”, señala.
Para el especialista, la diferencia entre controlar una contingencia y enfrentar una crisis radica en la capacidad de anticiparse. Antes del temporal, explica, las empresas deberían revisar escenarios de riesgo, verificar sistemas de drenaje, asegurar rutas alternativas, comprobar las comunicaciones y definir criterios claros para detener o reanudar actividades. Durante la emergencia, en tanto, resulta clave mantener un mando único, restringir accesos a zonas críticas y priorizar la seguridad por sobre la continuidad productiva.
En ese escenario, la disponibilidad de información en tiempo real adquiere un rol estratégico. “Hoy el desafío no es tener más datos, sino convertirlos en decisiones oportunas. Cuando la información está dispersa entre distintas plataformas o llega demasiado tarde, pierde gran parte de su valor. En una emergencia, el dato útil es el que permite actuar antes de que el riesgo se transforme en un evento”, concluye Signé.
El actual temporal vuelve a poner sobre la mesa un desafío que trasciende esta contingencia. Para los especialistas, la diferencia entre una emergencia controlada y un incidente mayor ya no depende únicamente de la infraestructura o de los protocolos, sino también de la calidad de la información disponible y de la rapidez con la que esta se transforma en decisiones operacionales.


